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jueves, 6 de julio de 2017

AT030-Harpers Ferry (Días de descanso)

Hola amigos,

Tal y cómo adelantara en mi post anterior hago un descanso en la ciudad de Harpers Ferry, West Virginia. Apenas dos días, pero creo que serán suficientes para reforzar el ánimo, y afrontar el largo camino que aún me queda por delante.


Martes, 4 de Julio y Miércoles, 5 de Julio

Aunque no tengo prisa alguna, me levanto pronto, desayuno y organizo mis pertenencias para no verme agobiado más tarde, ya que aún no he resuelto cómo ir desde el lugar dónde me alojo hasta la estación de tren. Lo que sí tengo decidido es dejar la mochila (backpack) en el hostel, porque si no lograra dejarla en algún lugar de la ciudad, tendría que llevarla conmigo a Washington, DC y ese riesgo no debo asumirlo. 

Mi primera idea es hacer autostop, pero estando sentado en el porche, veo que hay varios coches aparcados y que un señor está ultimando su equipaje para irse. Me acerco para preguntarle si va a la ciudad de Harpers Ferry y si pudiera llevarme, en caso afirmativo. Lo puede hacer, pero tendría que esperar hasta las 11 de la mañana, un poco tarde porque el tren es a las 11:30h.

A su lado, en otro coche, se encuentra otra persona, que se presentará más tarde como Sergio, un hombre de El Salvador, al que acompaña su esposa Sofía e hijos. Ella le pide a su marido que me lleve, cosa que hace a continuación.

A las once de la mañana ya estoy en la estación, un edificio de madera construido a finales del siglo XIX muy bonito y original, en cuyo interior todo el mobiliario es también de madera y de cuyas paredes cuelgan numerosas imágenes, dibujos e información de aquella época. Es un lugar muy acogedor. Aquí espero la llegada de Julia y Jonás, los amigos con los que iré a Washington, DC.

El tren llega a la estación lentamente, desprendiendo un aire poderoso con sus vagones de doble altura, algunos de ellos panorámicos y con techos acristalados. Los vagones separados por clases: Literas y asientos normales. Al detenerse, de los vagones desciende personal uniformado, portando unas banquetas de color amarillo que colocan sobre el suelo, frente a la escalera del vagón, para que los viajeros puedan descender del tren poniendo el pie sobre ellas. ¡Me encanta!, sencillamente porque todo ello recuerda tiempos pasados, en los que el viajero era atendido como es debido.

Ya en el tren, rápidamente buscamos los vagones panorámicos, donde nos instalamos alrededor de una mesa. No creo que haya mejor manera de viajar que hacerlo en un tren, admirando el paisaje, sin agobios de ningún tipo, hablando con tus amigos, leyendo o durmiendo… Es sencillamente, un lujo y un placer. En apenas una hora y quince minutos estamos en Union Station, en Washington, DC, estación situada muy cerca del Capitolio.

Los tres juntos visitamos el Capitolio, el monumento a Washington y Lincoln Memorial, para después separarnos. Yo, cruzo el río Potomac y me dirijo caminando al cementerio de Arlington, un lugar que siempre he tenido interés en conocer. Es impresionante por las dimensiones que tiene, la solemnidad que se respira y la sencillez de sus tumbas coronadas por inmaculadas lapidas blancas con el nombre de la persona fallecida. Antes de irme, voy a ver la tumba del soldado desconocido, ubicada sobre una pequeña colina, en la parte alta del recinto, donde tengo la oportunidad de presenciar la ceremonia de cambio de guardia, algo muy vistoso por la marcialidad de los soldados que la protagonizan.

El siguiente movimiento es visitar la Casa Blanca, pero no quiero seguir caminando porque hace un calor horrible y es mucha la distancia a recorrer, por lo que decido tomar el Metro hasta la estación McPerson, situada a escasos metros de White House. Llego sin problemas, pero me tengo que conformar con sacar unas fotografías desde el exterior de la verja. Hay largas colas de gente para acceder y es tarde. Otra vez será…

Junto al monumento a Washington, un enorme obelisco blanco de 170 metros de altura, construido en homenaje al primer presidente de Estados Unidos, hay un concierto musical. Pienso que es un buen lugar para esperar el lanzamiento de los fuegos artificiales. Al recinto se accede a través de controles policiales en los que chequean minuciosamente los equipajes del personal. Poco a poco va anocheciendo y toda la zona se está llenando de gente, buscando la que creen mejor posición para ver los fuegos.

Suena "Dios salve a América" y otro tipo de marchas militares, algunas de ellas muy conocidas, que buscan darle un aire patriótico a los momentos previos al lanzamiento de los cohetes. Comienzan los fuegos… Están muy bien, pero mis expectativas eran mayores, lo reconozco. Quizá lo mejor, la grandiosidad del marco en el que han sido lanzados, con el obelisco presidiéndolo todo. Al finalizar, una auténtica estampida de gente buscando salir del recinto lo antes posible.

De regreso hacía el Capitolio me encuentro con Julia y Jonás que están descansando sobre el césped. A partir de ahora permanezco otra vez con ellos. Al rato, nos dirigimos los tres a la Union Station donde comprobamos con sorpresa y decepción que nuestro tren de regreso a Harpers Ferry no sale a las 04:05 horas de la madrugada cómo pensábamos, sino 12 horas más tarde. Esto supone de entrada pasar la noche en la estación. Todo está cerrado y hace algo de frío. Para combatirlo, le pido una bolsa de basura al empleado de limpieza de los baños y con ella me  hago un "anorak de plástico". No estoy guapo, pero ya no tengo frío, que es de lo que se trata. 

Lentamente va transcurriendo la noche. Amanece y después de tomar un café, decido emplear la mañana en visitar dos museos: El dedicado a la conquista del Espacio y el dedicado a las culturas indígenas de América. El primero de éstos, me ha parecido muy interesante, y desde luego a mucha más gente, porque está lleno a rebosar. El segundo, no ha cumplido las expectativas que había depositado en esta visita. Para mi gusto quizá tenga demasiada realidad virtual. En la tienda de suvenirs he visto ropas y piezas hechas en China, y esto, siempre según mi opinión, no es de recibo en un Museo dedicado a las culturas indígenas de América.

El tren sale de la estación de Washington exactamente 30 min. antes de su hora. Me ha extrañado mucho y luego llegará la explicación a cargo del Interventor. Julia y Jonás han cogido billete para un tren Marc, mientras que yo tengo billete para un tren Amtrak, de categoría superior. Los dos llegan a Harpers Ferry con apenas unos minutos de diferencia, pero el Interventor me obliga a bajar en Rockville a pesar de que le digo que no me importa ir en un tren de categoría mas baja. No hay manera de convencerle a pesar de que es la misma Compañía ferroviaria, viene incluso a buscarme para que me baje del tren. Ya en tierra, debo esperar media hora la llegada de mi tren. 

Rockville es apenas un apeadero, con una longitud de algo más de cien metros. Mientras hago tiempo, me fijo que entre los dos andenes hay instaladas al menos 18 cámaras de seguridad, que seguro responden a un prodigioso estudio de cobertura.

A lo lejos se acerca un tren. Tres viajeros se sitúan en medio de las vías mirando hacia él, mientras yo me pregunto porqué hacen algo que parece una temeridad. De pronto, cogen rápidamente sus equipajes y cambian de anden. Entretanto, yo pregunto si el tren que se acerca es el Amtrak que se dirige a Harpers Ferry. Al decirme que sí, comprendo al instante el motivo por el que los tres viajeros estaban en medio de las vías: Trataban de averiguar el anden por el que entraría el tren a la estación. Yo también cambio rápidamente de anden. El tren se detiene y suben primero las personas que viajan en litera, después avanza un poco el tren y subimos el resto de viajeros. Nuevamente personal uniformado y atención personalizada al viajero, incluso es posible cenar durante el trayecto por un importe de 12 dólares.

Cuándo llego a Harpers Ferry, Gail ya está esperando para llevarme a su casa. Nos saludamos con un abrazo. A su vez, allí nos espera Henq, su marido. Tomamos un aperitivo y luego cenamos en el porche de su casa. Me siento a gusto, porque ellos hacen que así sea. Después de cenar, me acercan con su coche al hostel AT Hiker mientras llueve sin cesar. Al despedirnos, quedamos para desayunar al dia siguiente. Gracias a ambos por el cariño con el que me habéis acogido en vuestra casa.

Duermo en el hostel con un hombre muy educado y amable, llamado Zargar. Hablando con él descubro que es iraní. Hablamos de su país y del Appalachian Trail. Hemos congeniado de inmediato. Me ha encantado hablar con él.


Jueves, 6 de Julio

Por la mañana Zargar se despide de mí con un fuerte apretón de manos, diciéndome que ha leído mi blog de Irán. Emocionado me da las gracias por las palabras que ahí están escritas en referencia al pueblo iraní, que son todas ellas ciertas. 

Sobre las nueve de la mañana, Gail se acerca con su coche al hostel para ir a desayunar. Disculpa a su marido porque tiene trabajo y me lleva a la vecina ciudad de Charles Town donde desayunamos muy bien, al estilo anglosajón, con calidad en el producto y en el servicio, todo ello servido en un local muy bien decorado y acogedor, dentro de un edificio de madera, de estilo victoriano y con muchos años de historia.

A continuación me lleva a comprar provisiones para los próximos días. Durante la compra me acompaña en todo momento y me recomienda unos productos frente a otros. De aquí nos dirigimos a la Post Office de Harpers Ferry donde reenvío mi caja 200 millas más adelante, junto con otra nueva que también he puesto en este servicio postal. Llueve con mucha fuerza…

Gracias a Gail, hoy he podido comer pan de verdad, por primera vez en dos meses y medio. Está muy bueno. Es muy caro, pero más caro es pasar hambre. Guardo la mitad para la cena como si fuera oro, que para mí lo es. Resulta increíble cómo un alimento tan rico, sano y natural como es el pan, ha sido apartado de la alimentación en EEUU.

Jefferson Rock
Para finalizar me lleva al hostel. Nos hacemos una fotografía antes de despedimos con un abrazo. En Harpers Ferry he sentido nuevamente la generosidad del pueblo norteamericano, en esta ocasión de la mano de Gail y Henq, mis Trail Ángels y amigos en esta ciudad. Thank's!

En el hostel me encuentro nuevamente con Zargar, quien me dice que ha leído todos mis blogs. Me vuelve a dar las gracias efusivamente por el retrato que hice del pueblo persa y además asegura que está muy bien escrito. Me siento halagado por ello. ¡Muchas gracias Zargar!

Se acabo lo bueno amigos, mañana vuelta al trabajo, al Appalachian Trail.

¡Felices sueños!

Es 7 de Julio y fiesta grande en Iruña. Os dejo con la canción "Qué hizo a San Fermín llorar" de Mari Cruz Corral. Una voz increíble. A ver quién es capaz de superar esto…

¡Gora San Fermin!

Un abrazo



2 comentarios:

  1. Por fin un merecido y ajetreado descanso. Vamos a por ese segundo curso y la graduación. Aurrera!

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  2. Basajaun (Jon Galdos)12 de julio de 2017, 18:59

    Kaixo Santos!
    Ha sido más un ajetreo que un descanso...jjj, pero también está bien poner la cabeza en otro lugar.
    Astiro-astiro, pero siempre avanzando. Un abrazo

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